
Parte I
Había sido un día aburrido cuando sonó el teléfono, era un viejo conocido con quien había tenido un romance años atrás, me proponía una cena romántica a la luz de las velas. Durante el día casi no había llovido, pero al anochecer, el cielo había soltado un estruendo ensordecedor que lo hacía llorar a cántaron inevitablemente; tuve miedo de decir que sí en un principio, pero después se fue disolviendo con la ansiedad de terminar mi día en algo que me moviera el instinto y el corazón, quizá no era tan mala idea, además podía aprovechar para olvidar algunas cuestiones que desde hacía tiempo me tenían angustiada, así que accedí sin pensarlo realmente y salí a encontrarme con aquél hoy casi desconocido.
Pero todo salió mal, creo que desde el primer momento todo estuvo mal, al detenerse el taxi y verlo parado ahí guardándose de la lluvia bajo un techado, envuelto en sí mismo con las manos escondidas y la cabeza gacha, supe que no debía de haber ido, pero ya estaba ahí, ¿qué mas podría hacer?, bajé del auto y lo saludé con una sonrisa fingida. Tuve que guardar silencio en el paso de la entrada hasta la casa, había gente durmiendo y no quería que notaran mi presencia, la cena no fue tan buena como esperaba aunque el toque que siempre le ha dado al cocinar lo distingue de las demás comidas que he probado haciéndola deliciosa, sin embargo, no hubo un vino tinto que me quitara el sabor rancio de las fracesitas incómodas, ni hubo nada que me quitara la sensación de ausencia, de sentirme perdida en un mundo al que ya no pertenecía desde hacía mucho. El regreso fue peor aún, cuando el auto en el que me intentaba llevar a casa se descompuso y pidió un taxi cualquiera sin que viera siquiera el número económico me hizo pensar que no le interesaba cómo llegara a casa ni lo que hiciera después, su objetivo lo había logrado y aunque yo también, tenía ese mismo sabor rancio que me provocaba náuseas.
Apenas abordé al taxi, le llamé a un viejo amigo en quien confío mucho, pasaba de media noche y no sabía a quien contarte mi amarga experiencia, quería no ir a casa, pero necesitaba estár ahí, en ese momento hubiera deseado no estár en esa ciudad y hubiera preferido estár mas cerca de el y beberme unos tragos amargos de cerveza que me quitaran el sabor rancio, agrio, empalagozo y nauseabundo, estaba asqueada y aunque no tenía ganas de llorar, al menos sí quería gritar tan fuerte que los cerros se movieran y los arboles vibraran, estaba enojada y un hueco en el estómago me recordaba lo tonta que había sido al ir, algo dentro de mi desde siempre me dijo que no fuera, pero siempre termino no haciéndole caso a mi voz interna quien generalmente tiene la razón...
-¿A quién debo romperle la cara?- dijiste con voz fuerte y decidida, pero en realidad no quería que le rompieras la cara a nadie que no fuera a mi así que solo te respondí que era mejor platicar porque eso era lo único que quería, la verdad es que necesitaba tanto desahogarme que no me di cuenta del tiempo que pasé hablando de mis cosas, de mi pésima noche en donde de nuevo terminé lastimada por soberbia y orgullosa, porque finalmente ya estaba advertida de que no era la mejor opción aventurarme a "ver qué pasa" cuando ya antes había salido mal de esas...