Aquel ser la cargaba con una delicadeza que podía notarse desde lejos, la miraba con toda la ternura de que era capaz con sus ojillos amarillentos. Aún podía escucharse el susurro de su corazón agitado por la sangrienta batalla que recién había librado.
Caminaba lentamente con su preciosa carga a cuestas, sin un rumbo aparente. Pero el sabía muy bien a donde se dirigía. Deambulaba entre los árboles de aquel oscuro bosque, protegiéndose con su larga capa, de los ocasionales rayos de la luna que lograban cruzar la espesa capa de nubes.
Aquel ser horrendo prefería ocultarse entre las sombras. Aquel ser se sentía mejor en el bosque.
Conocía perfectamente el camino entre la oscuridad. Lo he recorrido muchas veces antes...
Llevarla en brazos era doloroso, me reprochaba una y otra vez por no haber llegado antes a rescatarla.
Esa noche estaba sumido en mis propios pensamientos, algo que no es raro en mi...
viernes, 6 de noviembre de 2009
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