Llovía.
No sabía que hacer.
Llorar o reir.
Caminar o dejarme caer.
Y apareciste tu.
Con tus alitas mojadas por la lluvia.
No te gusta que llueva, el peso agua en tus alas no te permite volar bien.
Me saludaste. Sacudiste tus alas y empezaste a esparcir aquel fino polvillo de hada sobre mi cabeza para que pudiera acompañarte a volar.
Te dije que tenía miedo. Las alturas me producen vértigo.
Me regañaste y me dijiste que no había nada que temer, que mis miedos se producen porque no me atrevo a enfrentarlos.
Me contaste un poco de tus propios miedos. Tienes miedo a no poder volar jamàs. Tienes miedo a los grandes pájaros que te confunden con su comida. Tienes miedo a volar tan alto que el calor del sol te queme, o tan bajo que te estrelles contra el suelo.
Juntos podemos vencer nuestros temores, tu me ayudarás a volar y yo te ayudaré a mantener una buena altura.
Cuando más fuerte es la lluvia, cuando el cielo es más negro por causa de las nubes, cuando los rayos y truenos son tan ensordecedores que no me permiten escuchar mas nada, siempre apareces tu para ofrecerme un refugio entre tus alas, bajo tu cuidado. Gracias
martes, 10 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario